Una marea de sombreros, banderas y gritos de “¡Viva México!” se tomó el corazón de Chetumal la noche del 15 de septiembre. La gobernadora Mara Lezama encabezó el Grito de Independencia ante más de 12 mil asistentes, en una velada que combinó fervor patrio, música en vivo, fuegos artificiales y un mensaje con eco nacional.
Desde el balcón principal del Palacio de Gobierno, y rodeada de autoridades estatales, municipales y de las Fuerzas Armadas, Lezama agitó la bandera tricolor y lanzó las arengas tradicionales que, por momentos, opacaron incluso el estruendo del confeti y los cohetes: “¡Viva Miguel Hidalgo! ¡Viva Leona Vicario! ¡Viva José María Morelos! ¡Que vivan las mujeres indígenas! ¡Viva Quintana Roo! ¡Viva México!”
La ceremonia arrancó con honores a la bandera, a cargo de la escolta de la 34ª Zona Militar y la XI Zona Naval. La presidenta municipal de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez, leyó los «Sentimientos de la Nación» de José María Morelos, mientras en la plaza cívica se multiplicaban los trajes típicos, los rostros pintados y los puestos de antojitos mexicanos.
Pero el momento más aclamado de la noche llegó tras el Grito: un espectáculo de luces proyectó imágenes de los héroes de la Independencia y de la bandera mexicana sobre el cielo chetumaleño, mientras en el escenario principal arrancaba la presentación estelar del grupo Cañaveral de Humberto Pabón, que puso a bailar a miles con su cumbia tradicional.
Lezama también aprovechó el momento para subrayar un hecho histórico: por primera vez, una mujer presidenta encabezó el Grito desde Palacio Nacional. «Fue emocionante ver a Claudia Sheinbaum en ese balcón. Es un momento que marca un antes y un después en la historia de nuestro país», expresó en entrevista posterior al evento.
El evento, bautizado como Noche Mexicana, reunió también a artistas locales como el mariachi San Felipe, el grupo folclórico infantil Nueva Generación y el ballet Mitotiani del DIF estatal, además de una función de teatro regional con “Nani Namu y las Estrellas”.
Chetumal vivió una noche de fiesta, pero también de memoria. Y si algo dejó claro la jornada es que, en Quintana Roo, el orgullo por México sigue tan vivo como hace 215 años.



