Bacalar salió a buscar turistas e inversionistas en el sur de Florida. En un encuentro con operadores, agencias y representantes académicos, el alcalde José Alfredo “Chepe” Contreras presentó la carta fuerte del destino: naturaleza, bajo desarrollo y margen de crecimiento.
La reunión se realizó en el Consulado de México en Miami, donde participaron actores del sector turístico, desde agencias especializadas hasta enlaces universitarios, con el objetivo de colocar al llamado Pueblo Mágico en el radar del mercado estadounidense. La apuesta fue clara: atraer visitantes de mayor gasto y abrir la puerta a nuevas inversiones.
Los números fueron el anzuelo. Bacalar reportó más de 1,500 habitaciones disponibles, una afluencia anual superior a 257 mil visitantes y una derrama económica que rebasó los 94 millones de dólares. Cifras que, según se expuso, apuntaron a un crecimiento sostenido, aunque todavía lejos de la saturación de otros destinos del Caribe mexicano.
El discurso giró en torno a su principal activo: la laguna de los Siete Colores, acompañada de estromatolitos —considerados de las formas de vida más antiguas del planeta—, así como su cercanía con zonas arqueológicas mayas. La narrativa buscó posicionar a Bacalar como una alternativa “más auténtica” frente a destinos masificados.
En el encuentro también se tendieron puentes con intermediarios turísticos y cámaras empresariales de Florida, con la intención de generar rutas comerciales, paquetes y experiencias enfocadas en naturaleza, bienestar y turismo comunitario.
Bacalar llegó a Miami en una etapa clave: crecimiento moderado, pero con presión por no repetir el modelo de sobreexplotación turística. La promesa fue avanzar, pero sin perder el equilibrio ambiental que hoy vende como su principal diferencial.



