El municipio de Bacalar reinstaló el Comité del Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL), un instrumento clave para definir qué se puede y qué no se puede hacer en uno de los territorios con mayor presión ambiental del sur de Quintana Roo. La sesión marcó el reinicio formal de un proceso que llevaba años rezagado, mientras el crecimiento urbano y turístico avanzó sin freno.
El presidente municipal José Alfredo “Chepe” Contreras encabezó la reunión, en la que participaron autoridades ambientales federales y estatales encargadas de coordinar los trabajos técnicos y normativos del comité. La meta fue clara: actualizar y vigilar un documento que regula el uso del suelo en un municipio donde la joya natural —la Laguna de los Siete Colores— concentró tanto interés económico como riesgos ambientales.
Durante el encuentro se estableció que el POEL entró en una nueva fase de seguimiento y evaluación, con la intención de corregir vacíos, revisar criterios y ajustar lineamientos frente a un escenario de mayor demanda inmobiliaria y turística. Bacalar enfrentó, en los últimos años, un crecimiento acelerado que puso en jaque selvas, cuerpos de agua y zonas de recarga del acuífero.
Contreras sostuvo que el ordenamiento ecológico se convirtió en una herramienta indispensable para frenar desarrollos irregulares y evitar decisiones discrecionales sobre el territorio. El alcalde subrayó que el reto consistió en equilibrar desarrollo económico con conservación ambiental, en un municipio cuya principal fuente de riqueza dependió directamente de su entorno natural.
El comité quedó integrado por dependencias federales, estatales y municipales, además de organismos técnicos y representantes vinculados al manejo del agua, desarrollo urbano, turismo y medio ambiente. La coordinación interinstitucional fue presentada como el eje para garantizar que los acuerdos no quedaran solo en el papel.



