La primaria Kaxan Na’at, en la comunidad rural de Santa Cecilia, se convirtió en el primer plantel de Quintana Roo en contar con Ecogradas, una infraestructura escolar hecha literalmente de basura que antes no tenía destino.
En la cancha de usos múltiples de la escuela se instalaron las primeras Ecogradas del estado, construidas con 206.5 kilogramos de residuos no reciclables, compactados en 413 ecoladrillos. Hoy, ese material que normalmente terminaría en rellenos sanitarios funciona como gradas para actividades escolares y comunitarias.
El proyecto no llegó solo. Con esta obra, la escuela acumuló un total de 746.5 kilos de residuos transformados en mobiliario escolar, encapsulados en 1,493 ecoladrillos, al sumar la instalación previa de cinco ECOmedores. Las cifras colocaron a Kaxan Na’at como un caso atípico en el mapa educativo del estado: una escuela pública que apostó por la economía circular y la participación comunitaria para mejorar sus espacios.
La construcción de las Ecogradas arrancó en octubre de 2025, cuando más de 160 voluntarios participaron en una jornada intensiva para levantar la estructura. Meses después, la obra fue entregada a la comunidad escolar como un regalo simbólico de Reyes Magos, cerrando un proceso que combinó trabajo colectivo y educación ambiental.
Además, el plantel ya contaba con un área de comida equipada con cinco ECOmedores, fabricados con más de media tonelada de residuos, equivalentes a 1,080 ecoladrillos, resultado del esfuerzo conjunto de estudiantes, familias y organizaciones civiles.
Más allá del impacto visual, el proyecto evitó que cientos de kilos de basura terminaran en ecosistemas naturales o saturaran los basureros locales. También dejó una lección clara: los residuos pueden convertirse en soluciones tangibles dentro de las propias comunidades.
Durante la inauguración, Danniela Benítez, directora de Ecoliiks A.C., subrayó que cada estructura se construyó de forma colectiva. “En cada Ecobanca, cada ECOmedor y también en estas Ecogradas, la comunidad participó colocando los ecoladrillos. No se trató solo de levantar infraestructura, sino de construir en conjunto”, señaló.
Con esta intervención, la primaria Kaxan Na’at dejó de ser solo una escuela rural y pasó a ser un referente estatal de arquitectura sustentable, donde la basura encontró un nuevo uso y la comunidad un espacio digno hecho con sus propias manos.



