Con un discurso cargado de simbolismo y promesas de justicia social, la gobernadora Mara Lezama encabezó este martes la ceremonia por el 175 aniversario de la fundación de la antigua Noj Kaaj Santa Cruz X-Balam Naj, hoy conocida como Felipe Carrillo Puerto. El acto se realizó en la plaza central del municipio, considerado el corazón cultural de la zona maya y uno de los bastiones históricos del sureste mexicano.
Lezama insistió en que la Cuarta Transformación “llegó para cambiarle la vida” a esta tierra con proyectos emblemáticos como las dos estaciones del Tren Maya, el nuevo aeropuerto internacional, el hospital en construcción y el corredor turístico Maya Ka’an. Aseguró que estas obras no solo representan infraestructura, sino una supuesta oportunidad de reducir desigualdades históricas.
“Felipe Carrillo Puerto es el corazón rebelde de Quintana Roo y con esa rebeldía hay que responderle”, dijo la mandataria ante funcionarios y representantes de comunidades mayas.
Aunque no hubo anuncios nuevos, la gobernadora reiteró su compromiso de “trabajar 24/7” y sostuvo que su gobierno tiene “corazón feminista”. La narrativa, sin embargo, no fue ajena al tono de campaña, pese a que se trató de un acto conmemorativo.
Antes del acto protocolario, autoridades estatales y municipales participaron en una ceremonia maya encabezada por dignatarios de la región. La ritualidad fue parte del esfuerzo por resaltar el componente indígena de la conmemoración, en un contexto donde las obras del Tren Maya han generado tanto expectativa como controversia entre las comunidades locales.
En la ceremonia también participaron la presidenta municipal Mary Hernández, la presidenta honoraria del DIF estatal Verónica Lezama, el diputado José María Chacón, el presidente del Gran Consejo Maya, Simón Caamal Coh, así como regidores y presidentes municipales de otros puntos de Quintana Roo, como Bacalar.
El evento concluyó sin sobresaltos, pero con la promesa repetida: que Carrillo Puerto no vuelva a ser “el municipio que ve pasar el éxito turístico sin tocarlo”. El reto, ahora, será convertir esas palabras en realidades medibles.



