Playa del Carmen llegó a la Feria Internacional de Turismo (FITUR) 2026 con un mensaje claro: dejar atrás la imagen de destino de playa genérico y posicionarse como una ciudad turística con identidad propia, seguridad y una oferta que va más allá del “todo incluido”.
Durante su presentación en Madrid, el destino puso sobre la mesa números duros: más de 45 mil cuartos hoteleros y una expansión sostenida hacia segmentos como congresos, convenciones, turismo deportivo, cultural, wellness y comunitario.
El anuncio central fue el Corredor de los Cenotes, un proyecto turístico que en su primera etapa conectó a Playa del Carmen con Valladolid y Mérida, en Yucatán, y Tulum, en Quintana Roo, a lo largo de cerca de 500 kilómetros de selva, cavernas y sistemas subterráneos de agua dulce. La iniciativa apostó por un modelo de viaje de bajo impacto ambiental, enfocado en naturaleza, ciencia, exploración y cultura.
La propuesta busca atraer a un visitante distinto: uno dispuesto a recorrer la selva, consumir productos locales y entender el territorio más allá de los resorts. El discurso se centró en pasar del esquema “all inclusive” al de “todos incluidos”, donde comunidades, saberes locales y conservación formaron parte de la experiencia turística.
Además del corredor, Playa del Carmen llegó a FITUR con una carta fuerte bajo el brazo: la Ruta de la Miel y la Selva, finalista en la XXI edición de los Premios Excelencias, que se entregaron el 21 de enero en IFEMA Madrid.
El proyecto compitió dentro de la categoría de Excelencias Turísticas 2025 y se construyó sobre el turismo comunitario maya y la agroecología. La ruta integró la meliponicultura ancestral, con la Xunán Kab, abeja sagrada del pueblo maya, como eje cultural, junto con la apicultura tradicional y contemporánea.
En su primera fase, la ruta incluyó cinco paradas comunitarias: el Meliponario Emiliano Zapata, Vida y Esperanza (transformación de la miel), Mezcalito (apiario de selva), Santa Cecilia Apiario Tradicional y Santa Cecilia Saberes de la Colmena. Todas ofrecieron experiencias educativas, producción local de miel y recorridos de bajo impacto ambiental.
Frente a medios españoles y mexicanos, la delegación de Playa del Carmen habló menos de folletos y más de vivencias reales: mercados, cocina regional, celebraciones populares y vida cotidiana compartida con el visitante.
España fue señalado como un mercado clave: cada año, miles de turistas españoles viajaron a México y una parte creciente buscó algo más que sol y playa: cultura, autenticidad e historias locales.



